Desde el año 2022, las federaciones rusas de distintos deportes se encuentran suspendidas y no pueden participar en competencias internacionales, incluyendo el fútbol. La razón: la guerra aún pendiente de solución entre Rusia y Ucrania.
Sin embargo, esta medida debería tener un punto final. El deporte nació para unir a los pueblos, para tender puentes de entendimiento y fraternidad, no para contaminarse con razones políticas ni convertirse en un campo de sanciones. Como dijo Nelson Mandela: “El deporte tiene el poder de cambiar el mundo. Tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas cosas lo hacen”.
La falta de competencia internacional ha golpeado al fútbol ruso. Lo vimos en sus recientes amistosos: empate 1-1 con Perú, 0-0 con Jordania, 1-1 con Nigeria, victorias ante Bolivia (3-0), Irán (2-1) y Catar (4-1), y una derrota frente a Chile (0-2). Resultados que reflejan un nivel irregular, consecuencia de la ausencia en torneos europeos y de la reticencia de jugadores extranjeros a fichar en su liga.
Antes de la suspensión, Rusia tuvo momentos brillantes: el CSKA Moscú ganó la Europa League en 2005 y el Zenit en 2008. Su liga, la Premier Rusa, reúne a 16 equipos, con clásicos históricos como Spartak vs. CSKA. El actual campeón es Krasnodar, puntero de la temporada 2025-2026.
El fútbol ruso siempre fue exigente: largas distancias de viaje entre ciudades como Sochi y San Petersburgo (4 horas de vuelo), o Majachkala y Moscú (3 horas), además de las duras condiciones climáticas que obligan a paralizar el torneo en invierno.
El fútbol ruso y soviético nos dejó figuras legendarias: Lev Yashin, “La Araña Negra”; Rinat Dasayev; Oleg Blokhin; Oleg Salenko; Alexander Mostovoi; Valery Karpin; y Eduard Streltsov, conocido como “el Pelé ruso”.
En Perú también tenemos recuerdos: Spartak y Dynamo Moscú visitaron Lima, y la selección soviética enfrentó a Perú en 1970 (empate 0-0 y triunfo soviético 2-0). Recordemos que Jefferson Farfán jugó en el Lokomotiv entre 2017 y 2020.
La Unión Soviética fue cuarto puesto en el Mundial de 1966, campeona de Europa en 1960 y subcampeona en 1964, 1972 y 1988. Ganó dos oros olímpicos (1956 y 1988). Más recientemente, Rusia organizó el Mundial 2018, llegando a cuartos de final y la hinchada peruana fue premiada por la FIFA como la mejor del torneo.
Suspender a un país por razones políticas es castigar a sus deportistas y a sus hinchas, quienes no tienen responsabilidad en las decisiones de sus gobiernos. El deporte no fue creado para eso. Su esencia es la competencia limpia, la pasión compartida y la unión entre culturas.
Ya hay ejemplos que muestran otro camino: organizaciones internacionales de disciplinas como atletismo, tenis y levantamiento de pesas han permitido nuevamente la participación de atletas rusos y bielorrusos bajo ciertas condiciones. El fútbol debería seguir ese ejemplo.
Ojalá que pronto la guerra entre Rusia y Ucrania llegue a su fin. Pero también que la suspensión a Rusia termine, porque el fútbol necesita de todos sus protagonistas. El Comité Olímpico Internacional, la FIFA y la UEFA tienen la palabra.
El deporte debe ser un puente, no un muro.
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