Ni bien terminó el partido de vuelta entre Alianza y 2 de Mayo por la primera fase de la Pre Libertadores, pudimos recordar un antiguo dicho, "no nos limpiemos la boca antes de comer".
Ayer el entrenador paraguayo Eduardo Ledesma volvió a celebrar en Lima como en el 2017, cuando fue jugador de otro desconocido equipo paraguayo, el Deportivo Capiatá que en aquel año volteó un resultado en contra. Fue la peor época de Universitario, administrado temporalmente por ineptos, por decir lo menos.
Ayer Ledesma, esta vez como entrenador del 2 de Mayo, volvió a celebrar, esta vez frente a un equipo que creía que "la billetera mata" y que llegaba a esta definición inflado de soberbia, sin fútbol, lleno de nombres y no de hombres; un equipo en el que la temporada anterior fue "un puterío" como sostuvo sin vergüenza alguna su ex estrella Carlos Zambrano.
No es la primera vez que Alianza pincha en una definición y en su cancha. Sin ir muy lejos, recordemos las definiciones por el torneo local en 1999, 2009 y el 2023 frente a Universitario, el 2019 frente al ex inquilino de la Primera, el Deportivo Binacional y 8 años antes en un tercer partido frente a otro equipo que hace años no está en Primera, el Juan Aurich.
Esta vez la prensa deportiva, allegada por diversos motivos a Alianza, miraron con soberbia al 2 de Mayo, enrostrándole su franciscana pobreza. Con sorna decían que los paraguayos llegaron a Perú "caminando".
El fútbol es un deporte donde un equipo débil puede derrotar a un aparente superior, algo que se debe confirmar en una cancha de fútbol, once contra once. Las estadísticas y los aparentes "éxitos" son eso, pasado. No basta juntar jugadores y ponerlos a jugar; son los equipos los que ganan partidos y los títulos.
Desde 2023 Alianza "ha celebrado" antes de jugar. Este 2026 no fue diferente, arrastrando decisiones fallidas como permitir la indisciplina, la renovación de su ex entrenador Gorosito al que despidieron tras quedar cuarto en el torneo 2025 y la contratación de 10 jugadores (incluyendo a Huamán, al que regresaron después de prestarlo al Cienciano), tras dejar de lado a 21 jugadores de la plantilla de la temporada anterior.
La eliminación de Alianza ante el modesto pero combativo 2 de Mayo es una ofensa para su hinchada (justo en el año de su aniversario 125) que ayer explotó contra sus dirigentes, sus financistas, su entrenador Guede, sus jugadores y su ídolo Paolo Guerrero, que una vez más antepuso sus intereses y no asumió la responsabilidad de disparar un decisivo penal cuando el partido estaba empatado sin abrir el marcador. Esto último, al finalizar el partido, la hinchada aliancista se lo enrostró de fea manera insultándolo y llamándolo "cobarde".
Las derrotas y fracasos, por más estrepitosos que sean, son oportunidades para mejorar y reencontrar el camino. Esto solo se logrará con trabajo, disciplina y cero soberbia. Será hora, paradójicamente al inicio y no al final del año, de evaluar la permanencia de muchos en el equipo aliancista.
Finalmente, recordemos que los triunfos y derrotas se dan en el campo de juego y en ambos casos solo cabe hacer una autocrítica para superar momentos en los que cabe, en primer momento, el silencio mediático (propio y por encargo) y la discusión fraterna en la interna. Salir a justificar lo injustificable lleva solo a repetir errores y fracasos.