viernes, 5 de febrero de 2021

1990 - SEGUNDA PARTE

Tras una primera estadía de una semana en Frankfurt, el 2 de febrero viajé a Freiburg por tren para , tal como lo he dicho, hacer un curso de Alemán de 8 semanas en el Goethe Institut de esa ciudad.

Al llegar a la Estación de Tren fui recogido y trasladado al Instituto para oficializar mi matrícula.  Rendí un examen con el que fui ubicado en el Mittel Stufe II (nivel intermedio). No hay caso que mis profesores del Goethe de Lima habían hecho muy bien su trabajo.

Luego vi el tema de mi alojamiento, el que estaba ya pagado por el Dresdner Bank; pero sucedió algo imprevisto por mí. Como yo escogí el alquiler de una habitación  sin alimentación incluida en una casa privada, recibí un reembolso de aproximádamente 1600 dólares.

Al no tener idea de qué hacer con ese dinero llamé a Frankfurt y me contacté con el señor Cornelius.  El tampoco sabía qué hacer y menos las personas a las que consultó. Ante ello el señor Cornelius me autorizó a disponer del dinero. Los alemanes nunca habían recibido una consulta como ésta aunque no tengo duda que el siguiente año ya habría un procedimiento para tales casos. Con ese dinero hice algunas compras y por cierto se incrementó mi bolsa de viaje.

Este hecho y mi proceder, semanas más tarde darían buenos e inesperados frutos.

Luego de esto fui a mi alojamiento, no muy lejos del Goethe al que iría a pie a partir del lunes 7. Las clases eran de lunes a jueves de 8 a 1 y los viernes hasta solo las 12:00 horas. Habían dos pausas en las cuales interrelacionaba con los compañeros y también tomaba el café con algún bocadillo.

Fue una estadía provechosa sobre todo por las vivencias que tuve. El curso no tenía la presión que tenían otros becarios que tenían la imperiosa necesidad de aprobarlo pues de ello dependía proseguir sus estudios universitarios, muchos de ellos como becarios de la institución  DAAD. El curso en el que participé era de refuerzo. Mi nivel de idioma era muy bueno el que me facilitó mi exitosa participación  en el Dresdner Bank.

Freiburg es una ciudad "universitaria" cercana a la frontera con Suiza y Francia y pese a tener solo 200 mil pobladores, tiene todas las comodidades de una ciudad grande como por ejemplo un muy buen diario regional como el Badischer Zeitung y por cierto una Opera. También tenía como 6 publicaciones gratuitas con ofertas y también noticias; modelo que imite en 1996 en Lima cuando editamos con otras dos personas una publicación  similar.

Mi instancia en el Goethe Institut fue muy placentera.  Mi profesor Herr Föhr había estado en Brasil por 20 años por lo que no era tan "duro" y mis compañeros, no solo los de mi clase, se convirtieron en excelentes amigos. Tanto fue  así que en mi segunda visita Europa fui invitado a celebrar el cumpleaños de Jean Louis en Suiza, en la región  de Ticino en una pequeña ciudad llamada Riva San Vitale. Ahí me volví a encontrar con el anfitrión  así como con Fabrizio y Julia y también fui huésped por casi una semana en su casa a orillas de un lago en la región. 

En Freiburg confirmé que cumplir con las normas es "eficiente". En una ocasión  por no usar un paso peatonal subterráneo no solo caminé 10 veces más sino con el consiguiente tiempo perdido.

En Lima, gracias a mi recordada profesora María Angélica Sueyras me asocié a una institución de intercambio llamada SERVAS de la cual ella era representante en Perú.  SERVAS tenía asociados en todo el mundo quienes eran anfitriones de los que llegaban a su ciudad de residencia. En mi caso así fue. En Freiburg fui recibido y agasajado por una joven quien hizo una reunión en su departamento junto con otros miembros. Así como ella, la representante de Hamburgo también me recibió tiempo después cuando estuve en esa ciudad tiempo después.

Otro de los hechos que viví, no confirmaron lo que muchos suponen, mal por cierto. La gente era muy amable y hospitalaria.  Un día no daba con una dirección  y una señora de unos 85 años me acompañó hasta ese lugar. En el trayecto conversamos muy amenamente. Otra vivencia muy agradable fue conocer a Elke Gust, una bióloga que conocí viajando a Basel en un servicio llamado Mitfahr Zentrale, una especie del Uber de hoy. Un tiempo después la recibí en Lima con su novio Martín y cuando regresé a Freiburg me alojó en su departamento.

Un detalle que recuerdo bien fue el cumpleaños que pasé en 1990. En alguna ocasión le había comentado a Elke sobre mi cumpleaños que era días antes de despedirme de Freiburg para empezar mi visita al Dredner Dredner Bank. Ese 21 quedamos en tomar un café y Elke me sorprendió con una cena en un lindo restaurante.

Con el MitFahr Zentrale, cuya existencia ubiqué de casualidad, viajé a la mencionada Basel así como Stuttgart, Estrasburgo y también a otros lugares como Kaiserstuhl, Konstanz, Lindau y otros lugares. Como se dice, me hice "caserito" por pocos marcos en comparación  al pago de los pasajes en tren.

En Freiburg, pese al frío que no era lo fuerte que solía ser por lo común, no había tiempo ni forma de aburrirse. Almorzaba con compañeros como el mexicano Luis Octavio, el chino Li Biao, la brasileña Marissa y la suiza Celine. Como estudiantes teníamos derecho a hacer uso de la Mensa (comedor universitario). El costo de un menú, escogido entre 5 alternativas, era de 3.20 marcos (2 dólares). En la noche iba a otra Mensa que quedaba por mi casa. Ahí un día escuché conversar a las empleadas en castellano. Eran españolas y luego de conversarles, a partir de ese día me servieron la mejor presa y con repetición de los complementos.

Los jueves teníamos un encuentro con los compañeros del Goethe en un bar llamado Theater am Ecke (El teatro de la esquina) donde el Instituto había separado una mesa para clientes frecuentes (Stammtisch).

Mi estadía en Freiburg coincidió  con los Carnavales. Una vez v fuimos en una salida organizada por el Goethe a Basel con ocasión  de la Basler Fastnacht (el único día que los suizos se desordena a medianoche, dura tres días  y es conocida en dialecto suizo como "los tres días más hermosos del año) ) y luego un fin de semana en un pueblito de la Selva Negra donde yo era el único extranjero.  Fui invitado por mi amiga Gerlinde y lo que me  sorprendió fue que muchos quisieran interrelacionar conmigo. Claro, hablaba alemán  

Conocí a Gerlinde gracias a un funcionario alemán que había conocido en Lima, lo que me permitió  tomar contacto con esta afamada acuarelista, Gerlinde Grund, con la que solía ir a un excelente lugar de diversión, el Jazz Haus que era un sótano con capacidad para mil personas y tenía programación los 365 días del año.

También iba a visitar a mis compañeros del Goethe que vivían en el Studentenheim (Alojamiento para estudiantes) en especial al aun entonces yugoslavo Mile Simic, el jordano Amhed y otros más.  Siempre fueron muy hospitalarios.

En Freibirg aprendí la importancia del reporte meteorológico (siempre exacto) para saber si llevar o no paraguas. Varias veces lo llevaba sin tener que necesitarlo y todo por no estar al tanto de ese reporte. 

Tras las 8 semanas en la hermosa Freiburg , el 24 de marzo partí rumbo a Frankfurt llevando no solo mis maletas sino un cúmulo de recuerdos y vivencias.

Tiempo después regresaría por otras razones.

Continuará...


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