¿FICCIÓN O REALIDAD?
Cuando uno transita por el Centro de Lima es testigo de dos realidades que nos llevan a preguntarnos si vivimos una ficción.
Por un lado vemos jirones pujantes con decenas de restaurantes y cafés, muchos de ellos de reciente inauguración así como remodelaciones y reconstrucciones como la de la casa Giacoletti o el de un próximo hotel boutique a pocos metros de la Plaza de Armas o Mayor (cómo quiera decirlo). Sin embargo no muy lejos en el ingreso del Centro el caos es cosa de todos los días. No hay autoridad que ponga orden en la Plaza Bolognesi y en el tramo de la avenida Alfonso Ugarte que la une con las Plazas Dos de Mayo y Unión ; ni qué decir de la Plaza Grau y menos de la avenida Abancay en toda su extensión.
Cientos de metros cuadrados de oficinas y departamentos están desocupados y ocupados precariamente en los tramos de las avenidas Garcilaso de la Vega, Tacna y Colmena, en cuyas inmediaciones sigue reinando los delitos de la trata de personas, prostitución y tráfico de drogas, pese a un reciente operativo policial.
a pregunta que cae por sí misma es "si se puede o si se quiere" cambiar las cosas. No hay autoridad municipal que haga lo que el sentido común dice. Nadie ordenar iluminar mejor las calles, nadie combate "la cachina" de Alfonso Ugarte, ni los colectivos informales de Abancay ni el caos que reina en los alrededores del Mercado Central, Barrio Chino y Mesa Redonda.
El alcalde Reggiardo está pintado en la pared y sus autoridades municipales pareciera que han "tirado la esponja"; pese a que hasta hace muy poco ofrecían que harían de Lima "una potencia mundial".
Por cierto el Centro de Lima es solo una pequeña parte del problema que significa Lima pero no podemos obviar que es uno de los lugares que más visitan los turistas, que dicho sea de paso son cada vez menos desde el 2020, sin que pequeños esfuerzos de ProLima y otros individuales puedan hacer algo para cambiar una penosa realidad, la de una ciudad que debería ser una joya y es tan solo una ilusión o un recuerdo de mejores días en los que El Crillón recibía en su Sky Room a artistas de talla mundial, el Bolívar alojaba a grandes personajes, la Colmena era sede de importantes empresas, el Maury servía cócteles de categoría como el Pisco Sour y la Casa Welsh no era una franquicia de café y pollos y la Galería Boza era lugar donde los limeños iban de compras.
Se habla que el Centro de Lima debería tener un "alcalde propio" y la idea no parece descabellada. Antes, quizás lo era porque el Centro era gran parte de la ciudad; hoy Lima ha crecido y el llamado Centro Histórico necesita la atención especial de una autoridad que cambie su fisonomía y Lima vuelva a ser lo que hace años fue y no la triste realidad reflejada en una Plaza San Martín llena de charlatanes nocturnos y el Parque Universitario refugio de antisociales.
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