ESCUCHEMOS
Todos, y más aún las figuras públicas incluyendo las que ocupan altos cargos, tienen no solo la necesidad sino hasta la obligación de escuchar (o leer) lo que opinan de ellos, sea a los que los comentarios que los alaban sino sobre todo las críticas, incluso las hechas con malaleche.
Claro está que habrá que hacer el distingo del caso y tener "los correa suficientemente ancha". Como dice el dicho, "el que se pica, pierde".
Es cierto que a nadie nos gusta las críticas pero son necesarias para enmendar rumbos o reafirmarlos haciendo caso a otro dicho, "ladran Sancho, es señal que avanzamos".
La gran mayoría de presidentes o altos funcionarios no tienen el tiempo para leer o escuchar las críticas con sus propios ojos y oídos; para ello tienen asesores o consejeros de extrema confianza que les resumen estos pero su labor no es por cierto esconderlos ni tampoco "aplaudir" los errores y peor aún si son ciertos.
Los presidentes ni nadie con dos dedos de frente necesita "ayayeros o chicheños" pero a lo largo de nuestra historia reciente cuántas penurias nos hubiéramos ahorrado como país si Alan García hubiera tenido asesores "de verdad" en el periodo 1985-1990 o si Alberto Fujimori no hubiera dado tanta discrecionalidad a un asesor, que también hizo cosas positivas.
Viene al caso todo esto debido a las opiniones de dos consuetudinarios comentaristas de la política, las que fueron publicadas ayer en El Trome (Vitocho García Belaúnde) y Jorge Bruce (La República). Con más o menos razones, lo dicho debe ser tomado en cuenta por el Estado Mayor de la Presidenta Keiko Fujimori y traducir las críticas en acciones orientadas a un golpe de timón.
Cerrar los ojos o encapsularse, no traerá nada bueno. "Un consejo hasta de un conejo", aunque no tenga buenas intenciones como el señor Bruce, que ya sabemos de "que pie cojea"
Ojalá que Keiko Fujimori se dé tiempo para leer ella misma algunas críticas y haga un mea culpa, si así lo cree pertinente,. Mejor ahora, pues más adelante podría ser tarde.
No querer asumir una posición más firme o querer contentar a todos, incluyendo a quienes aplaudieron su injusta carcelería, será fatal.
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